El porqué del registro de los bienes culturales.

Patrimonio Cultural Mueble. 

¿A qué nos referimos cuando hablamos de bienes muebles culturales?

A los productos de una cultura que pueden moverse de un lugar a otro. Nos referimos en específico a los objetos materiales donde se expresa la cultura, y tienen un valor histórico, arqueológico, o artístico. Algunos ejemplos de ellos son: las pinturas, esculturas, libros, objetos domésticos, o los objetos del ritual, entre muchos otros.

Los bienes muebles se encuentran  bajo custodia legal en instituciones como los museos, sitios arqueológicos, archivos, templos, etc., asumiendo que una de las funciones de su preservación incluye la conservación preventiva, la restauración, la documentación y el registro de esos bienes.  

¿Cuál es el propósito del registro?

Primero, es la ubicación del bien mueble, su identificación y cuantificación, lo que nos arroja información sobre el estado material y algunos datos descriptivos iconográficos. Una acción posterior, puede ser formular y aplicar medidas de conservación para cada caso en específico. Sin embargo, la importancia de poseer un registro es integrar un sistema de protección, consulta, y seguimiento de los bienes registrados en cada comunidad. Con ello, evitar el tráfico ilícito, que si bien, puede suceder, el registro es una herramienta indispensable para su recuperación y restitución, incluso si la pieza ha salido del país, se encuentra en algún museo privado o colección particular.

Es importante mencionar, que la administración eficiente y la gestión efectiva de los bienes muebles en responsabilidad del Instituto Nacional de Antropología e Historia, contempla mucho más que un inventario o registro de esos bienes para satisfacer necesidades técnicas, científicas, de seguridad o divulgación; también busca el impacto en la comunidad, al incluirla en procesos de apropiación y legitimación del patrimonio cultural.

¿A quienes pertenecen los bienes muebles?

Todo patrimonio cultural pertenece a la comunidad que lo heredó, o en cuyo desarrollo se encuentra involucrada; y son los habitantes de la comunidad responsables, en primera instancia, de resguardar y proteger ese patrimonio. Por eso, debemos hacer hincapié, en que los esfuerzos institucionales son insuficientes si no se tiene el apoyo de la comunidad, cuya participación activa en acciones concretas para la preservación y el uso adecuado, y responsable, de los bienes muebles, hace posible la conservación de ese patrimonio.

Es una responsabilidad compartida entre el INAH y comunidad. Por un lado, la institución pública tiene la custodia oficial, y dentro de sus atribuciones busca la buena administración de los bienes muebles, como lo es una intervención – restauración de los mismos, o la supervisión de todo trabajo u obra en dónde se involucre tal patrimonio. Por el otro lado, es la comunidad quien disfruta de los bienes, y la que por tradición tiene su posesión.

Es en este acuerdo de comunidad/institución que el registro, o inventario, de bienes muebles establece un vínculo entre ambas partes, porque solamente teniendo conciencia de lo que se posee  y conociendo su valor, puede protegerse y ser una experiencia significativa para la comunidad.

Conclusión

A todo ser humano que nace en un lugar y en una comunidad le pertenece una herencia cultural y natural que puede llamar su patrimonio, y es definitorio en su ser social, por ejemplo, el paisaje (y dentro de él un bosque, un desierto, un cerro, un lago, etc.) la traza urbana, los monumentos históricos (como la catedral, o una casa antigua), pero, también, las palabras, significados, hábitos, tradiciones, objetos; el conocimiento y las instituciones, entre muchos otros, son parte de ese patrimonio, y determina la forma de relacionarse con su entorno, con su ambiente y con su sociedad.

Los bienes muebles forman parte de ese patrimonio y se ubican, en la mayoría de los casos, en el espacio dentro del cual son funcionales, o donde el devenir histórico los impuso, como los objetos que se encuentran dentro de los templos antiguos (las misiones coloniales, muchas de ellas ahora iglesias parroquiales).

Esos objetos son el patrimonio cultural mueble y representan un punto de referencia en la construcción de lazos sociales, de vínculos de cohesión, de identidad y de memoria. Porque son expresión de conceptos en materia y en formas y nos ayudan a conocer las condiciones culturales y sociales del hombre, pues en esos objetos se acumulan significados, conocimientos, y la memoria de nuestra propia imagen para transmitir al futuro.

Una herramienta para valorar ese patrimonio al que hacemos referencia es el registro o inventario institucional, porque nos ayuda a propiciar un efecto positivo en la recuperación o formación de valores éticos relacionados con esos objetos. Por eso, la protección generada por la misma comunidad incidirá en la aplicación de la política pública, en el fortalecimiento de las estrategias y en la puesta en marcha de programas y proyectos encaminados al posicionamiento del patrimonio cultural como componente esencial del desarrollo económico y social. 

El porqué del registro de los bienes culturales.

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