Seminario Internacional de Conservación y Restauración de Arquitectura de Tierra (SICRAT) Arquitectura de tierra y participación social .

Arq. Antonio Guerrero Arzaga
Área de Monumentos Históricos del
Instituto Nacional de Antropología e Historia en Chihuahua

 

PRIMERA PARTE.

Entre los diversos elementos que componen el patrimonio cultural de la amplia región geográfica que actualmente conforma el área fronteriza entre México y los Estados Unidos, la arquitectura de tierra destaca por su nivel de difusión y grado de permanencia.

Este patrimonio, que en gran medida extiende sus raíces hasta muchos siglos antes de la conquista, permitió la adaptación de las culturas nativas a un medio natural con condiciones climatológicas notablemente adversas.

A partir del virreinato, la tradición constructiva de las comunidades de esas latitudes, asimiló la serie de conocimientos técnicos provenientes de España y de otras regiones del país, tales como Tlaxcala y Michoacán, para conformar una cultura arquitectónica propia.

El empleo de la arquitectura de tierra continuó vigente durante el siglo XIX y una buena parte del XX,  manifestándose en destacados ejemplos de viviendas, templos, haciendas y edificios de gobierno.

Sin embargo, a pesar de su remoto origen y de la supervivencia que han logrado en muchos sitios tradicionales, las estructuras de tierra han ido desapareciendo al ser abandonadas o substituidas por nuevos sistemas constructivos. Esto se debe, en gran medida, al desprestigio que han sufrido por ser consideradas portadoras de una tecnología subdesarrollada y de mala calidad. Aunque este desprecio por la arquitectura de tierra se presenta en todo el territorio nacional e incluso en muchos otros países, sus problemas de valoración y protección resultan especialmente graves en las amplias regiones que conforman el área de la frontera norte.

Como resultado de políticas de gestión cultural influenciadas por una visión patrimonial marcadamente centralista y “monumentalista”, no fue sino hasta hace pocos años cuando se empezó a gestar cierto interés por su estudio, documentación y conservación. No obstante, a la fecha, los propios habitantes de comunidades y ciudades norteñas suelen aceptar sin cuestionamiento que su patrimonio histórico no es relevante porque no tiene las características, materiales ni dimensiones de los “monumentos” de otras regiones del país.

Ante esta paulatina desvaloración y pérdida del patrimonio material e inmaterial relacionado con las estructuras térreas, a mediados de los años noventa, un grupo de académicos y profesionales del Instituto Nacional de Antropología e Historia y del National Park Service emprendieron una serie de labores tendientes a frenar este proceso, a través de la conformación una organización denominada Seminario Internacional de Conservación y Restauración de Arquitectura de Tierra (SICRAT).

Durante las siguientes publicaciones, se expondrán los fundamentos de esta organización y se analizarán algunas de las acciones que se han desarrollado durante los últimos años, en las que la participación de las comunidades locales ha jugado un papel fundamental.

 

Nuevas consideraciones de la noción de patrimonio.

Hasta hace algunas décadas se consideraba patrimonio al conjunto de bienes que tanto un individuo, como una colectividad recibían de las generaciones precedentes. El patrimonio estaba asociado y limitado a la idea de bienes valiosos. Este concepto clásico se transformó radicalmente en estas últimas décadas. Actualmente se consideran patrimonio no sólo los objetos, sino todo aquello que nos remite a nuestra identidad: entorno natural, tradiciones, formas de vida, lenguaje, etc.

El patrimonio ha adquirido, además de un valor utilitario, signo de calidad de vida de los ciudadanos, también la idea del uso social del patrimonio, por lo que a grandes rasgos podríamos decir que es necesaria una gestión que facilite el aprovechamiento sostenible de sus usuarios y garantice al mismo tiempo su conservación.

Hoy en día se tiende hacia una noción integral de patrimonio, que interrelaciona los distintos testimonios de la acción del hombre y la naturaleza. Esta concepción más amplia de lo que es el patrimonio no ha sido asimilada del todo, por lo que no siempre se actúa de forma integrada, entendiendo el patrimonio como un todo que nos pertenece, sobre el que incidimos y que debemos heredar como sociedad a las nuevas generaciones.

 

Regiones y globalizaciones

Varios autores coinciden en que hay que aceptar la tendencia hacia una cierta uniformidad cultural que intenta convertir a los Estados Unidos -y sus modos de vida- como el único país que construye la industria cultural de lo imaginario y las diferencias culturales ligadas a esa historia soportada por las localidades, regiones y naciones.

Las identidades culturales se han modificado a partir de la experiencia de la globalización. Algunos autores sostienen que la intensificación de lo comunicacional subordina los factores territoriales e identitarios;  sin embargo, aún existe una multiplicidad de expresiones ligadas a lo étnico, lo regional, el patrimonio histórico y las culturas populares.

Las expresiones culturales conformadas por lo histórico-territorial, que incluye saberes, hábitos, tecnología, tradiciones orales, manifestaciones artísticas y experiencias organizadas a lo largo de varias épocas en relación con territorios étnicos, regionales y nacionales, persisten sin ser plenamente diluidas por la globalización. El estrechamiento y la simultaneidad de la información no necesariamente terminan borrando las diferencias culturales. Al respecto, resulta   preciso observar con atención cómo las políticas culturales locales y regionales cumplirán un papel determinante ante los desafíos que impone la globalización.

Las culturas nacionales no se han extinguido, su vivacidad se expresa tanto en las severas modificaciones a su sentido, como en la permanencia de una memoria histórica bastante inestable que se construye en interacción con referentes culturales transnacionales. Coexisten complejos y contradictorios procesos de declinación de lo nacional con dinámicas expansivas de los mercados culturales; un ejemplo de ello es la importancia que han adquirido las ciudades y su conversión, la mayoría de ellas en ciudades de frontera como el caso de Estados Unidos y México.

La importancia que ha venido adquiriendo lo regional-local a nivel mundial se debe, entre otros motivos, al carácter generalmente contradictorio de las relaciones entre los Estados Nacionales y las regiones, así como al aplazamiento para atender las demandas regionales y étnicas en los Estados contemporáneos. Los desequilibrios económicos y de poder en relación con los centros han contribuido a la pérdida de legitimidad de los gobiernos centrales.

Por ello hay que asumir la globalización como una tendencia irreversible, pero una globalización que sea una forma cercana a lo local globalizado. Una ciudadanía-mundo que posibilite articular selectivamente lo cultural desde lo local, lo nacional y lo internacional. Un actuar profundamente local y un pensar globalmente. Finalmente habría que expresar que en esta fase de globalización, la región cada día se consolida como un interlocutor insustituible en la conformación del destino cultural y social de su población. Cuestión que abordaremos en la próxima colaboración.

Seminario Internacional de Conservación y Restauración de Arquitectura de Tierra (SICRAT) Arquitectura de tierra y participación social .

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