Churo, Urique: Patrimonio cultural en el límite de dos tiempos

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César Santiago de la Riva Molina.                                                                                   Monumentos Históricos / muebles del INAH Chihuahua.

La comunidad de Churo está en el municipio de Urique,  en la sierra Madre Occidental o Sierra Tarahumara, en el Estado de Chihuahua. Es una pequeña población que se llega por un sinuoso camino de tierra, cruzando arroyos, siembre a la vera de la barranca. Es un lugar excéntrico, si por ello queremos referirnos a fuera de lo habitual, desde la perspectiva del hombre urbano. Nada de lo anterior es significativo, salvo por el hecho de ser un espacio que en su devenir tiene rastros materiales de dos tiempos en la historia. Uno de los rastros es un monumento histórico lleno de objetos culturales dispuestos en el lugar para el cual fueron creados, cosa rara en el mudo actual de mistificación del arte del pasado, de la idea de poner todo en los museos; como hemos dicho, desde la perspectiva urbana. Otro rastro visible es el contexto actual donde se desenvuelve la comunidad en sus formas materiales como la vivienda, los sistemas constructivos, y los ornamentos con los que se identifica la cultura local.

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La historia, según el dato y los archivos, dice que en 1765 existía en Churo un inmueble como visita de la misión de Cerocahui, que el asentamiento tenía entonces un censo de 79 familias, lo que arrojaba un número total de 231 habitantes. El templo era administrado por Compañía de Jesús, seguramente hasta su expulsión en 1767. No obstante, el templo actual fue construido por los franciscanos, según información en el centro INAH de Chihuahua.  Lo anterior se puede deducir gracias a una inscripción realizada en la trabe de la puerta principal que marca el año de “1786”; misma fecha que tienen grabadas en el pie las campanas ubicadas hoy en la torre del campanario.

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En el siglo XVIII no escatimaron en gastos los nuevos administradores del templo, cabe recordar que muchos de los objetos históricos que posee ese inmueble, incluyendo un retablo, se trajeron del centro del País, con todo lo que implicaba su traslado en el territorio del virreinato. Más allá del lujo o una moderna experiencia estética desinteresada, es importante subrayar lo que historiadores y analistas profesionales de la cultura  dicen sobre la función de esos objetos, que con tanto esfuerzo se disponían en los inmuebles de las diferentes órdenes religiosas asentadas en la otrora Nueva Vizcaya, por ejemplo, que no tenían el significado que hoy les atribuimos como obras de arte o monumentos históricos, su peso cultural era otro y tenía que ver con la idea pedagógica de evangelización, dentro de un marco cultural más amplio donde estaban la colonización y exploración de nuevos territorios. El mensaje cristiano entraba por los sentidos, se experimentaba con el cuerpo, así el discurso no llegaba por la vía textual, sino por lo formal en el arte, en realidad por lo que ello representaba en figuras: carne pintada, compasión expresada en rostros— ¿gestos y concepto igualmente aprendidos?—, manos que parecen ir a tocarnos, imágenes orgánicas abstractas —acaso como las imágenes con las que los indígenas expresaban su cultura— o diseños ornamentales dentro del templo, a la par de música y olores que seguramente hacían sentir el mundo —occidental—en el cuerpo de aquellos futuros cristianos.

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El antiguo edificio de San Miguel Arcángel de Churo posee pintura mural y de caballete, un retablo con sus respectivas imágenes, escultura y menaje utilitario, todo envuelto en lo que algunos restauradores llaman la pátina del tiempo: su devenir material, además del deterioro ocasionado por el azar y la suerte del lugar. Esto último queremos destacar, indagando en la variedad de significados o significantes que tiene el sitio ocupado por el inmueble histórico, es decir el contexto, que incluye a los usuarios o herederos del patrimonio en cuestión, intuyendo que en el caso de la comunidad de Churo —y en otros lugares del Chihuahua— es ambiguo porque está en el límite de dos tiempos, porque por un lado posee objetos culturales creados y dispuestos a finales del siglo XVIII, traídos o diseñados en el cambio de adscripción religiosa, que no fue solo un cambio administrativo, sino un parteaguas en la organización de la población. Por otro lado, es un patrimonio cultural en un presente cuya dinámica quiere cambiar el contexto del monumento histórico, por ejemplo en el uso de los materiales de construcción, remodelación y ornamentación, sin contar la intención visual o plástica con que se intervienen. Nos referimos a materiales ajenos al entorno, a veces otorgados en programas estatales o federales. Aunado ello, confluye el cambio de actitud en las nuevas generaciones que poseen otros conocimientos y aspiraciones sociales.

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El contexto se mueve en una dirección que lo aleja de su patrimonio cultural tangible, en el sentido de la conservación como normatividad, podríamos deducir que en su patrimonio intangible sucede lo mismo, pero eso corresponde a la antropología social. El movimiento del contexto lo podemos ver en algunos signos que nos remiten a una nueva forma de organizar la cotidianidad, de construir o decorar: de ornamento, así como en la vestimenta, Churo es una comunidad en su mayoría indígena. Esos signos son detalles sencillos a simple vista, una visión que no indaga en lo técnico-académico, pero es un primer nivel en la dimensión del objeto de estudio. Acaso son solo una parte del espectro, pero que con el tiempo y la correspondencia necesaria termina por cambiar la realidad de la comunidad y su patrimonio cultural, como ha sucedido en otros lugares de la geografía chihuahuense. Lo que no sucedió en los últimos doscientos años puede suceder espontáneamente en los próximos veinte, porque parece que sin importar lo intrincado de la situación geográfica de la comunidad de Churo, se encuentran correspondencias con lo que sucede en un ámbito general, en otros pueblos, como en las ciudades de la geografía norteña: el contexto está en el límite de otro tiempo, y parece, según la experiencia institucional, que es una dirección que lo aleja del sentido tradicional de apropiación del patrimonio cultural.

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Recorrido grafico por la comunidad de Churo: su patrimonio histórico mueble y el contexto.

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