LOS TATEMADOS DE ROSALES

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Artículo de divulgación
Memorias del coloquio Hablemos del Camino Real de Tierra Adentro 2015
Por Jorge Meléndez Fernández

La leyenda y crónica de la Santa Cruz de Rosales, “…en un momento se incendiase todo y a continuación la iglesia… deseando salir todos de un bote las (personas) de atrás hicieron caer a muchas de las que iban por delante y sobre estas a otras, hasta el grado de quedar obstruido con cuerpos hacinados  todo el claro de la puerta…”  Tal es el testimonio de Fray Antonio Muñoz, ministro de la capilla de Santa Cruz de Tapacolmes, ubicada en lo que hoy es el municipio de Rosales, de los hechos acontecidos el viernes de Dolores, un 8 de abril de 1808.

El relato fue recogido en la crónica de Fray Antonio Gálvez en 1827, gracias al padre Muñoz, quien fue rescatado maltrecho de entre los caídos. Según lo contó, el fuego había iniciado cuando la flama de una vela alcanzó una enramada decorativa y el sacristán en su intento por evitar que se propagara, avivó las llamas al empujar más ramas hacia las velas.

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La catástrofe dejó sesenta y dos muertos y una iglesia en ruinas. Sin embargo el templo de la Santa Cruz fue reconstruido y actualmente resguarda una pequeña pero interesante colección de bienes muebles de calidad histórica. Entre ellos cuatro pinturas del siglo XVIII, las cuales dan imagen a las palabras de la liturgia y abordan pasajes de la vida de la Virgen María, en sus “Desposorios” y “Asunción” al cielo. Además hay lienzos de San Juan Bautista y la Santísima Trinidad donde se aprecian los cánones y simbología que debían seguir los pintores de la época. Así se observan en la piel de camello que viste el Bautista y su índice apuntando al cordero en el cielo, como signo de la llegada de Dios. La Trinidad aparece con el rostro de Jesús y una paloma blanca, un sol y un cordero frente al pecho de cada figura distinguen al Dios Espíritu Santo, Dios Padre y Dios Hijo respectivamente.

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De aquel incendio se menciona que sobrevivió el crucifijo bajo el cual se ubicaba la enramada, y que habría aparecido “chamuscado” en la sacristía. Desde entonces la Santa Cruz con sus tres clavos permanece como único testigo de aquel incendio e ilumina la parroquia con los destellos dorados que la enmarcan como pieza central.

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La importancia de estas piezas radica en un cúmulo de valoraciones, entre ellas la histórica, pero de igual categoría resulta el uso que la comunidad le da a las imágenes en sus tradiciones. Tal es el caso de un Crucifijo articulado que permanece desde hace años en forma de Santo Sepulcro dentro de su vitrina y el cual era parte de la celebración de Semana Santa en las escenificaciones de la crucifixión y procesión. Pero luego de un incidente donde se resbaló la vitrina que contiene la escultura durante la procesión, el párroco decidió no utilizarla más, y ha permanecido inmóvil en la nave del templo desde entonces, afectando el valor que tiene para los fieles.

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Las décadas confirmaron como trascendental aquel incendio en Rosales cuando sus habitantes expresaron una nota más de apropiación del hecho nombrando a su equipo de basquetbol como los “Tatemados”, manifestando en ello permanencia como lo hiciera la Santa Cruz ese lejano viernes santo.

LOS TATEMADOS DE ROSALES

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