Petrograbados de Samalayuca, municipio de Juárez, Chihuahua.

Actualmente Samalayuca es un centro de población que se localiza al sur de ciudad Juárez, municipio de Juárez, Chihuahua. El pueblo está flanqueado al oeste por la sierra de Samalayuca y extensas dunas que hasta hace poco tiempo resguardaban pequeños manantiales que durante miles de años dieron vida al lugar.

Se tiene un registro de 42 sitios arqueológicos al interior de la poligonal de la CONANP, así como una veintena más de sitios arqueológicos en los alrededores. De ellos, 21 sitios son de arte rupestre (petrograbados y pinturas), el resto corresponde a restos de campamentos y estructuras de adobe sepultadas. Se estima que existen al menos 3000 petrograbados.

Samalayuca alberga más de 10,000 años de historia con evidencias de puntas de proyectil acanaladas, herramientas de piedra, cerámica, pinturas, petrograbados y ruinas de los campamentos que abandonaron los antiguos moradores de las arenas. El arte rupestre de Samalayuca está conformado por petrograbados y pinturas rupestres. Las pinturas son escasas, representan a cazadores con lanzas y tienen una antigüedad de 2000 años antes del presente. Lo más sobresaliente del paisaje son los miles de petrograbados que la sierra disimula entre juegos de luz y sombra. Las características de determinadas figuras y diseños en los petrograbados indican que la mayoría corresponde a un estilo que ha sido asociado como parte de una extensión sureña de la tradición Jornada Mogollón, que se originó en el estado de Nuevo México, en los Estados Unidos de América, y que tuvo su principal desarrollo entre 1200-1450 años de nuestra era. Los petrograbados de Samalayuca representan a la naturaleza, flora y fauna, así como escenas y rituales de individuos, animales, y una gran cantidad de formas y figuras abstractas. Los petrograbados están ligados al paisaje y hay gran número de elementos del paisaje que están representados en los petrograbados.

Entre las composiciones de figuras que sobresalen de la superficie de las rocas se encuentra el carnero, un animal mítico y mágico que existía en Samalayuca. Al carnero se le puede apreciar de distintas formas, como un animal aislado, esquemático, tan sólo para admirarlo, o bien, en una relación con los humanos donde el carnero era el centro de atención en un ritual que los humanos llamaban la danza del antílope. El venado es otro ser mitológico, también está dibujado en las rocas, pero sus dimensiones y repetición nos recuerda que el animal sagrado era el carnero. También hay escenas de consejo, de reunión, de cuando los antiguos pobladores asistían a Samalayuca para dar inicio a los rituales de la serpiente, la lluvia, el maíz, la cacería. Hay representaciones de mascaras de los espíritus “katchinas” o “Tláloc” del norte que en un esbozo de geometría reflejan lo intrincado del movimiento de las aguas.

Otra figura que aparece constantemente es la de un humano con los brazos levantados o caídos. Esta figura representa a un ancestro, un jefe, el que contaba las historias y enseñaba la importancia de los rituales, como la figura “el señor cuello largo”, un ancestro del clan de la Serpiente.

Hace muchos años se reunieron en Samalayuca miembros de los distintos clanes de la serpiente, la lluvia, el antílope y la araña. En las rocas grabaron sus historias, mitos, leyendas y rituales. Una de las últimas figuras que los habitantes de las arenas grabaron en las rocas fue la de un jinete, quizá como testigo de los primeros españoles que caminaron por Samalayuca.

A finales del siglo XVI Juan de Oñate inicia su campaña de reconocimiento y conquista de territorios para el rey Don Felipe II en la Nueva España. A Oñate corresponde el descubrimiento de Nuevo México y con ello la apertura del Camino Real de Tierra Adentro hacia el norte. Durante los primeros viajes que hicieron los españoles a Nuevo México, antes de llegar al río Grande del Norte, hoy río Bravo, se detuvieron en Samalayuca y con el tiempo soldados y viajeros atraparon en sus diarios el nombre de Samalayuca como un paraje de manantiales rodeado por una montaña y un mar de arenas donde vagaban indios sumas y apaches.

Los petrograbados son el testimonio de una cultura que desapareció, pero que sentó las bases de un estilo de vida que sus pobladores supieron adaptar para sobrevivir en el desierto.

Entre las tareas del INAH se encuentran la investigación, la protección, conservación y divulgación del patrimonio cultural de la Nación. Una de esas tareas es presentada ahora con este pequeño homenaje a la historia y la gente de Samalayuca con el timbre.

Petrograbados de Samalayuca, municipio de Juárez, Chihuahua.

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