CINCO ZONAS ARQUEOLÓGICAS EN CHIHUAHUA QUE VISITAR ESTE VERANO

Boletín de prensa No. 23 / MARTES 10 de JULIO del 2018

La vastedad del territorio Chihuahuense es hogar de diferentes destinos para hacer turismo, el estado grande ofrece turismo de aventura, de negocios, de naturaleza, pero también turismo cultural y arqueológico.

Y es que Chihuahua, a pesar del desconocimiento que se tiene, cuenta con hermosas zonas arqueológicas, las cuales mantienen sus puertas abiertas al público.

Paquimé

Paquimé es un bien de valor cultural inscrito desde 1998 en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Porque es un testimonio excepcional de las relaciones entre los Pueblos del Norte de México y Mesoamérica; ofrece  evidencia única de construcciones de arquitectura de tierra. Se considera que durante la época de esplendor de la Cultura Casas Grandes en la ciudad de Paquimé vivieron más de tres mil personas.

En la zona también se encuentra el Museo de las Culturas del Norte, que abrió sus puertas el 26 de febrero de 1996 y alberga una de las más bellas colecciones arqueológicas del México Antiguo recuperada durante las excavaciones de Paquimé y de otros importantes sitios arqueológicos de la región conformada por el Norte de México y el Suroeste de los Estados Unidos conocida como la Gran Chichimeca.

Esta temporada de vaciones y en pleno verano se puede visitar Paquimé de martes a sábado en horario de 9 de la mañana a 5 de la tarde, pagando únicamente 65 pesos, o bien, los domingos que es gratis. La zona cuenta con estacionamiento, paquetería, sanitarios, servicios educativos, salón de usos múltiples, cafetería, tienda de artesanías, visitas guiadas (previa cita), instalaciones para personas con discapacidad física.  La Zona Arqueológica Paquimé se localiza en el municipio de Casas Grandes, Chihuahua. A 267km. de Ciudad Juárez y 321km. de la capital del estado.

Las Cuarenta Casas

El lugar es un asentamiento prototípico de la provincia serrana que fue habitado por grupos de cazadores recolectores; basket-makers y agricultores de la Cultura Casas Grandes cliff-dwellers. Los arqueólogos acuñaron estos dos conceptos para interpretar la evolución cultural de estos grupos. Dichas edificaciones fueron construidas al interior de cuevas y abrigos formados en los acantilados de las barrancas, y que se cree funcionaron, además de asentamiento habitacional, como talleres.

Puedes visitar Las Cuarenta Casas de lunes a domingo en un horario de 9 de la mañana tres de la tarde, y es totalmente gratuito, la zona cuenta con estacionamiento, sanitarios, visitas guiadas (previa cita). El sitio arqueológico se localiza a 320 kilómetros al noroeste de la ciudad de Chihuahua y a 42.5 de Ciudad Madera. Para acceder se toma la carretera a Ciudad Cuauhtémoc, Ciudad Guerrero y Ciudad Madera. De allí se continúa por la carretera que lleva a El Largo o Mesa del Huracán, hasta el kilómetro 42 donde está la puerta de acceso a la zona arqueológica.

Cueva de la Olla

Los constructores de la Cultura Casas Grandes primeramente habitaron en cuevas, donde dejaron evidencia de su presencia, como en la Cueva de la Laja, del Rincón y de la Olla. Cerca del año 1100 d.C. se establecen en los valles, cerca de sus cultivos, siendo así como se consolida el inicio de la Cultura Casas Grandes. Albergan evidencia de los primeros cazadores recolectores que usaron las cuevas como refugio. También albergan evidencia de las primeras aldeas agrícolas. Hay evidencia del florecimiento y la decadencia de la Cultura Casas Grandes. Y fueron refugio de los grupos de apaches que estaban siendo exterminados durante la segunda mitad del siglo XIX.

Puedes visitar Cueva de la Olla de lunes a domingo en un horario de 9 de la mañana a 5 de la tarde, y es totalmente gratuita la entrada, la zona cuenta con estacionamiento, y se encuentra a 67 kilómetros de la ciudad de Casas Grandes, Chihuahua. Para acceder se toma el camino de Casas Grandes a la colonia Juárez, siguiendo por la carretera rumbo a El Largo o Mesa del Huracan, hasta llegar al entronque camino a la comunidad de El Willy. De allí, luego de ocho kilómetros de carretera se localiza el señalamiento de acceso a la zona arqueológica. Cueva de la Olla se ubica en el interior de un abrigo natural que forma parte de un conjunto de lugares semejantes, dentro del Valle de las Cuevas.

Huápoca

El Conjunto Huápoca forma parte de los más de 180 sitios arqueológicos de “Casas en Acantilado” que se tienen registrados en la Sierra Madre Occidental. Su importancia radica en que se trata de asentamientos que se distribuyen como pequeños multifamiliares aprovechando cuevas y abrigos rocosos de los acantilados que forman los barrancos de la cuenca del río Papigochi, con estructuras de arquitectura de tierra y vestigios arqueológicos. El Conjunto Huápoca fue un núcleo de población de Casas Acantilado que está integrado por cuatro unidades habitacionales en tres cuevas:   Nido del Águila, Cueva del Mirador y Cueva de la Serpiente, hay también una Atalaya (torres de comunicación o de control), todos ellos ubicados sobre la ladera del río Papigochi. Forman parte del sistema regional de Paquimé “Cultura Casas Grandes” en la Sierra Madre Occidental. Se estima que los pueblos serranos permanecieron en la región 200 años después del colapso de Paquimé.

Puedes visitar este sitio de lunes a viernes de 9 de la mañana a 5 de la tarde, la entrada es gratuita y el conjunto cuenta con estacionamiento, sanitarios, centro de visitantes y visitas guiadas (previa cita). La zona arqueológica se localiza en la Sierra Madre Occidental en el municipio de Madera  a 280 km. de distancia de la ciudad de Chihuahua. Luego de arribar a Ciudad Madera se toma la avenida  Independencia, hacia el oeste por camino de terracería hasta observarse el señalamiento correspondiente. El Conjunto Huápoca se encuentra a 35 km. de distancia de la cabecera municipal.

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Enclavada en un rincón de la sierra de Madera, cubierta por una cascada, el abrigo rocoso contiene por lo menos nueve cuartos distribuidos alrededor de una pequeño patio que contenía dos graneros para almacenar maíz. Singular sitio arqueológico de “Casas Acantilado” de fácil acceso, sin duda es una de las ocupaciones humanas más antiguas de la región; por su tamaño y localización es la más próxima al área ribereña. Cuenta con una pequeña Atalaya (punto de comunicación) de la cual pueden verse sus cimientos y traza a un costado del estacionamiento y que funcionó como puesto de comunicación directa con la del Conjunto Huápoca.

Puede visitar Cueva grande de domingo a lunes en un horario de 9 de la mañana  a 5 de al tarde. La entrada es gratuita y cuenta con estacioanmiento. La zona arqueológica  se localiza en la Sierra Madre Occidental en el municipio de Madera  a 280 km. de distancia de la ciudad de Chihuahua. Luego de arribar a Ciudad Madera se toma la avenida  Independencia hacia el oeste por camino de terracería hasta observarse el señalamiento correspondiente a la zona arqueológica Cueva Grande

Estas cinco zonas arqueológicas se han podido rescatar y mantener gracias a un arduo trabajo y aunque se encuentran abiertas al público, y se pueden admirar con toda la familia, se pide a los visitantes todo su respeto y apoyo para seguir manteniéndolas en buenas condiciones.

CINCO ZONAS ARQUEOLÓGICAS EN CHIHUAHUA QUE VISITAR ESTE VERANO

LA MODERNIDAD NO ES SINÓNIMO DE DESTRUCCIÓN: JORGE CARRERA ROBLES

Arranca el TICRAT 2017 con la asistencia más 130 personas.

La mañana de este jueves en la ciudad de Santa Bárbara inicio el Taller Internacional de Conservación y Restauración de Arquitectura de  Tierra (TICRAT), edición 2017.  Más de 130 asistentes entre estudiantes, arquitectos, ingenieros y personas de la comunidad interesadas en conocer sobre la conservación  y restauración de monumentos histórico.

El evento inaugural estuvo a cargo de Delegado estatal del INAH, Dr. Jorge Carrera Robles, El Presidente Municipal de Santa Bárbara, Lic. Luis Alberto Rodríguez, el Presidente del Colegio de Arquitectos de Parral, Arq. Oscar Cabrera Caballero y el director del IMPLAN de Santa Bárbara, Omar Arichega López.

Jorge Carrera Robles, Delegado del INAH, comentó la importancia de realizar este evento en municipios como Santa Bárbara que cuentan con una importante riqueza arquitectónica, pues se sabe que, más del 80% de sus construcciones se edificaron bajo estas técnicas milenarias.

Recalcó la importancia de involucrar a estudiantes y profesionistas en técnicas de conservación tradicional “la modernidad no es sinónimo de destrucción de nuestro pasado, la riqueza constructiva que heredamos la podemos articular y complementar en proyectos creativos con  soluciones acordes a lo que estamos construyendo”.

El Lic. Luis Alberto Rodríguez, Presidente Municipal de Santa Bárbara, comentó que el TICRAT llega al municipio en un momento idóneo pues actualmente se trabaja en un proyecto de recuperación de centro histórico, que incluye la remodelación de fachadas, plazas y monumentos distintivos del municipio.

Con estas palabras inicio formalmente el primer día de trabajo del TICRAT 2017, con la conferencia “Retos para la conservación de patrimonio cultural edificado vinculado a la actividad minera en el norte de México” por Servando Rojo Quintero de la Universidad Autónoma de Sinaloa y Arturo Gastélum Zepeda del Centro INAH Sinaloa.

Le continuaron “La preservación del patrimonio desde la comunidad: La experiencia de Temósachic” por Arturo Martínez Lazo, “Patrimonio Industrial en Chihuahua” por Karina Moreno Manriquez seguida por el taller práctico.

LA MODERNIDAD NO ES SINÓNIMO DE DESTRUCCIÓN: JORGE CARRERA ROBLES

GASTRONOMÍA: LA COCINA POPULAR EN MEOQUI Y ROSALES

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Artículo de divulgación
Memorias del coloquio Hablemos del Camino Real de Tierra Adentro 2015
Por Julio Ángel Pérez Cárdenas / Antropólogo

Pensar en el Camino Real de Tierra Adentro, debe incluir algo más que idealizar en la mente un trayecto de tierra con las huellas de carretas y pisadas de los andantes a pie que surcaban los parajes integrando poblaciones a través de sus rutas. La continuidad de este sendero a lo largo del tiempo inculca la duda sobre cómo han perdurado y se fueron desarrollando las poblaciones así como sus habitantes. El entorno agreste y los ambientes lejanos incluían por fuerza esforzarse al máximo para coexistir con el semi-desierto, las distancias, la poca o mínima agua y la crianza de animales que pudiesen ser un beneficio alimenticio en masa.

El Camino Real continuó sus huellas y la vida se refugió en la adaptación al medio por obligación. Dentro del devenir de los años cada familia, cada ama de casa y cada cabeza de familia fue adecuando su sapiencia, sus conocimientos y su pericia a la conserva, la preparación y el degustado de las bondades de una cocina que se hizo propia, tal como lo fue la economía, los espacios y la vida misma a través de tradiciones y por medio de eso a lo que llamamos cultura.

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De esta forma, el Camino Real se torna y justifica en una continuidad, un ente cambiante más allá de una simple vía, dotándole de nombres así como de formas que llegan a encofrar olores y sabores entre la peculiaridad y lo nuevo. Ello hace imaginar un septentrión chihuahuense alejado y con su vasta enormidad alrededor suyo viviendo amaneceres y contemplando el surgimiento de identidades, de adscripciones y genealogías que en sus generaciones posteriores agremiaron desde nombres, recetas y envases, hasta rituales que el mayor de los estructuralistas desearía documentar a la hora de que la familia se sienta a la mesa a saborear la comida que mamá preparó en ese caluroso día de verano.

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De entre los edificios emblemáticos que hoy narran con vivacidad la historia de un patrimonio denominado intangible, destacan los días en los que hasta el presente se entrecruza al pasado con el futuro. Meoqui y Rosales son esa forja de un recurso natural bien aprovechado ante la sequedad. El río San Pedro hace su parte en el trajín de su caudal y anega sus aguas en las arenas áridas; de ahí que el oasis reverdeciera la tierra y sirviera de provecho a la población local. Su coyuntura histórica lo sitúa en tiempos de la Revolución mexicana, donde a posteriori del conflicto, la tecnificación y la industria del agro; se convirtió en moneda de cambio de los ganadores que trasformaron la tierra al capitalismo hoy denominado salvaje. El Distrito de riego 05 abrió las fronteras del desierto y embaló la saciedad del hambre trasformando a este oasis en un granero de oportunidades, migraciones, tradiciones nuevas y viejas que se conjugaron; y que por ende se ampliaron hacia la cocina local en el recetario del común. Tan vasta es la historia y sus sucesos que no descartemos la liga culinaria al surgimiento último de la actual ciudad Delicias.

Es así como en la consolidación de las poblaciones se anida el interés de mirar las anclas de la cultura chihuahuense en su particularidad regional del centro sur de la entidad, una cultura cambiante que llego con la vida hispánica, la de los rancheros, los campesinos y el debatido campesinado, los industriales y los que por ahí deambulan como vencedores del desierto; ligando cada actividad al campo, al agua y a la crianza de animales, que imaginadas en un solo escenario plasman a la mesa de un comedor de una unidad domestica preparado para que la familia y sus componentes se reúnan en torno a él y alimentarse no solo en su valor nutricional sino cultural a través del solo vivir.

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Meoqui Y Rosales pueden presumir en su amalgamado recetario un crisol de recetas tan diferentes y variadas que por sí mismo narrarían con puntualidad perfiles demográficos de ambas demarcaciones. Pero dentro de toda esta amplitud, coinciden los testimonios y las voces en que algunos platillos en nombre y contenido no pueden faltar dentro dela cultura popular de la cocina de la región y que fueron documentados por la mayoría de los participantes de las actividades y los grupos focales diseñados para presentar esta prosa en aras de hablar del Camino Real. La referencia señala al “Asado de puerco en chile colorado”, “Chile pasado con queso”, “mojarras de rio” y el “camote enmielado” además de las “conservas de calabaza”, “buñuelos” y “biscochos” como los predilectos de los rosalenses y meoquenses.

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El proyecto Hablemos del Camino Real de Tierra Adentro, en su parte gastronómica, es un compendio de experiencias, narradas y platicadas que en su más íntima conformación agrupa la documentación de testimonios a lo largo de seis meses continuos durante la segunda mitad del 2015, de aquello que es popular y de todos los días: el alimento. Práctica compartida y justificada en la experiencia de vivir a la región, cultivar y valorar la región para poder comer lo que esta ha dado por centenares de años, pero que en su persistencia generacional se acota a un no muy pasado siglo XX nutrido por siglos anteriores.

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Diciembre coronó el pretexto para reunirnos, al menos un día, a platicar, reír, y por supuesto a comer; todos alrededor de un “Camino” y de una ruta más viva que nunca. Aquella que hoy presume un trazo urbano y un recetario de a puño y letra con tantas anécdotas a cuestas, que mil voces no son suficientes para hablar de sabor. Lo que es claro, es que este ha trascendido y lo seguirá haciendo con singular vivacidad desde la olla o sartén hasta el plato. La virtud antropológica se centra en estar ahí, simplemente pendiente.

En conclusión, una receta sabrosa hace un camino bien andado.

GASTRONOMÍA: LA COCINA POPULAR EN MEOQUI Y ROSALES

SE INAUGUR­Ó EL TALLER DE ARQUITECTURA DE TIERRA DEL INAH EN SANTA ISABEL

Chihuahua, Chih. 13 de noviembre del 2015.

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En las instalaciones de la Casa de la Cultura del municipio de Santa Isabel se realizó la inauguración del Taller Internacional de Conservación y Restauración de Arquitectura de Tierra (TICRAT) 2015, dando inicio el ciclo de conferencias con la participación de Armando Becerra, maestro artesano especialista en restauración de dicha técnica constructiva, quien ha participado en importantes proyectos de intervención en varios inmuebles históricos del estado de Chihuahua.

El TICRAT es organizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH),, delegación Chihuahua, a través de la Sección de Monumentos Históricos, con el apoyo de la Presidencia Municipal de Santa Isabel y el Instituto Chihuahuense de la Cultura.

Durante la ceremonia de arranque el Presidente Municipal de Santa Isabel, Gaspar Armendáriz Granillo, dio la bienvenida a los participantes y declaró que su administración colabora para el desarrollo de políticas públicas que respondan a las potencialidades y capacidades de la intervención de la arquitectura de tierra. “Aspiramos a responder a las problemáticas que se presentar en los diferentes ámbitos de este sector, sobre todo en la conservación del patrimonio cultural”, declaró.

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La declaratoria inaugural del evento estuvo a cargo del delegado del INAH en Chihuahua, Jorge Carrera Robles, quien hizo énfasis en el cuidado y protección de los monumentos históricos, así como la difusión de las técnicas adecuadas de intervención. “Una parte sustantiva de la herencia que tenemos los chihuahuenses son los monumentos históricos edificados, estas construcciones que se dieron entre el siglo XV y XIX de los cuales se tienen registrados al menos 2,200 en el estado”, dijo.

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“La tierra en este estado es un factor milenario como opción de confort para las personas, y la máxima expresión la tenemos en Paquimé”, mencionó al referirse a la importancia y el valor que se debe de dar a la arquitectura de tierra, ejemplificando para ello la antigua ciudad prehispánica. “Pero también tenemos otras expresiones igual de importantes como los edificios virreinales, por las que el INAH está preocupado por recuperar”, señaló.

Mencionó también que en la comunidad de Santa Isabel, sede del TICRAT 2105, existen varios ejemplos de monumentos edificados con valor y relevancia histórica. “Hay que aprender de esta comunidad con una gran tradición, su templo sus espacios, sus calles realmente son ejemplo de esta arquitectura de tierra”.

En esta ocasión en el TICRAT se realizó un esfuerzo por reivindicar una de las vertientes más importantes en la conservación: el trabajo de los artesanos que han adquirido y desarrollado habilidades y técnicas de restauración, y que han desarrollado una labor importante en las últimas décadas.

Es por ello que para dar inicio con las conferencias, se contó con la participación de Armando Becerra, quien labora de manera independiente en trabajos de construcción de arquitectura de tierra y ha colaborado con el INAH Chihuahua en varios proyectos de restauración.

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Con la conferencia “Restaurando el patrimonio de Chihuahua”, habló acerca de su experiencia en proyectos como el del Templo de Santa Isabel, el Templo de los Cinco Santos de la Antigua Misión de Cusárare, el Templo de San Francisco de Borja, el Templo de San Francisco Javier en Satevó, la Catedral y el Templo de San Francisco de Asís de la ciudad de Chihuahua, así como la tercera etapa de la restauración de la Quinta Carolina.

Explicó los procesos por los que se tiene que pasar para llevar a cabo una adecuada intervención, que va desde una primera inspección visual en donde se determinan los deterioros. En los casos anteriores se realizaron diversas acciones como la colocación de injertos de adobe en los muros, retiro y colocación de aplanados, cambio de vigas, protección especial a la madera con materiales naturales como cera de abeja y aceite de linaza, su colocación, retirar techumbres de lámina y reemplazarlas por madera, y pintura a la cal de las fachadas.

La edición 2015 del TICRAT se lleva a cabo en la Casa de la Cultura del Municipio de Santa Isabel, Chihuahua, durante los días 12 y 13 de octubre. En su programa se incluyen además, conferencias a cargo de destacados especialistas que detallarán procesos de restauración y conservación en los que han participado. Además, estas técnicas son aplicadas mediante las prácticas que se realizarán en el taller.

Los participantes, entre ellos un gran número de estudiantes de arquitectura de diversas instituciones, tienen la oportunidad de acceder a los conocimientos básicos para el rescate de técnicas constructivas tradicionales en tierra, respetando diseños y elementos culturales en la región, haciendo partícipes a las autoridades y habitantes de dicho municipio con el fin de unir esfuerzos para la conservación del patrimonio cultural.

SE INAUGUR­Ó EL TALLER DE ARQUITECTURA DE TIERRA DEL INAH EN SANTA ISABEL